DRACULA: PAGES FROM A VIRGIN’S DIARY
Danza de sangre contaminada
Guy Maddin, 2002 Por Quim Casas

La película es pues el resultado de la relación entre dos artes visuales muy ligadas entre sí, el ballet y el cine mudo, el movimiento y la pantomima, la danza y el gesto enfático, el decorado y el deslizamiento. El film es una fantasmagoría con pantomima, niebla, ballet y vaselina en las lentes de la cámara, una mezcla de texturas –35 mm, súper 8, cámaras Bolex– y variantes cromáticas en la que la relectura de las concepciones básicas del cine mudo no tiene nada que ver con el artificio de exitosos productos recientes como The Artist. Al igual que el primer David Lynch, el de Cabeza borradora y el corto The Grandmother, o el Michael Almereyda de Nadja –un film no casualmente producido por el mismo Lynch–, Maddin se acerca al cine mudo alejando el fantasma trasnochado de la reproducción retro. En este sentido, y en esta comparación con una determinada parte de la obra de Lynch, hay en el film de Maddin efectos y texturas acuosas muy similares a los logrados por el cineasta norteamericano cuando utilizó la cámara de los Lumière en «Premonitions Following an Evil Dead», su aportación a la película colectiva Lumière et Compagnie; sorprendentemente, Maddin no fue invitado a participar en aquel film que homenajeba al cine en el centenario de su nacimiento.

Del mismo modo, la configuración de los decorados, trabajada sobre una idea espacial más propia del ballet que del cine, es de una riqueza deslumbrante. Por ejemplo, la cama de la madre enferma de Lucy, como una gran urna cerrada de cristal, o el salón de los Harker, como un invernadero digno del descrito por Raymond Chandler en las primeras páginas de «El sueño eterno», igual de asfixiante aunque muy espacioso y con objetos vintage-futuristas. Maddin evoca una época (el cine mudo, el relato gótico de vampiros) distanciándose de la misma a través del decorado y la relación que los personajes siempre en movimiento guardan con el mismo y con la cámara. Evidentemente, en esta recreación que es toda una deconstrucción, tanto en el plano anímico –para Maddin, Drácula representa a todos los otros, los que son mal vistos y se convierten en adversarios: la amenaza queda reforzada con la presencia de un actor-bailarín de origen asiático para incorporar al vampiro– como en el narrativo y el estético, la elección de un ballet como forma genérica establece las nuevas pautas. La expresividad dramática de los bailarines se convierte en otra forma de actuar heredada de la gestualidad primaria del cine de los pioneros, pero lo más gratificante de la experiencia, ya que de experiencias antes que películas en el sentido estricto del término debemos referirnos al encarar el arte de Maddin, reside en la capacidad del cineasta para convertir en danza hasta lo que no lo es. El ballet del descubrimiento del erotismo por parte de Mina y Harker, después de que ella haya leído las páginas de su diario y sepa de las relaciones con las vampiras, sería un momento clásico, ortodoxo dentro de la escasa ortodoxia del film. Por el contrario, los movimientos de Van Helsing y sus ayudantes al penetrar en la morada del vampiro se convierten también en danza no tanto por la forma de desplazarse de los actores como por la relación física que mantienen con el suelo neblinoso y los haces de luz de unas linternas accionadas con manivela que embriagan los sentidos. Dracula: Pages from a Virgin’s Diary se convierte en un espectáculo total en el que el rostro, el movimiento, la luz, el decorado a veces difuminado y la música de Mahler conforman una pantomima de sombras y cuerpos, de sangre y carne, de lujuria neblinosa y terror atávico por lo que no se conoce.
Canadá, 2002. T.O.: «Dracula: Pages from a Virgin Diary». Director: Guy Maddin. Productor: Vonnie von Helmolt. Producción: Dracula Productions, Vonnie von Helmolt Films, CBC. Guión: Guy Maddin, según la novela de Bram Stoker y el ballet de Mark Godden. Fotografía: Paul Suderman, en color y blanco y negro. Diseño de producción: Deanne Rohde. Montaje: Deco Dawson. Duración: 73 minutos. Intérpretes: Zhang Wei-Qiang (Drácula), Tara Birtwhistle (Lucy Westernra), David Moroni (Dr. Van Helsing), CindyMarie Small (Mina), Johnny Wright (Jonathan Harker), Stephane Leonard (Arthur Holmwood), Matthew Johnson (Jack Seward), Keir Knight (Quincy Morris), Brent Neale (Renfield), Staphanie Ballard (Sra. Westernra). Editada en DVD con el mismo título por Cameo.
Articulo publicado en el número 421, Abril 2012.
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